Toribio Romo González
Protector de los mojados
Es un espejismo del desierto que hace milagros de carne y hueso
E1 zacatecano Jesús Buendía Gaytán, un
campesino de 45 años de edad, cuenta que hace 2 décadas
decidió irse de indocumentado a California para buscar
empleo en alguna plantación. Se puso en con:tacto con un
"pollero" en Mexicali pero, apenas cruzaron la frontera,
fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y para escapar
Jesús se internó en el desierto.
Despúes de caminar varios días por veredas desoladas
y más muerto que vivo de calor y sed, vio acercarse una
camioneta. De ella bajó un individuo de apariencia juvenil,
delgado, tez blanca y oios azules, quien en perfecto espaAol le
ofreció agua y alimentos. Le dijo que no se preocupara
porque le indicaría dónde solicitaban peones. También
le prestó unos dólares para imprevistos. A manera
de despedida el buen samaritano le dijo: -Cuando tengas dinero
y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta
por Toribio Romo.
Luego de una temporada en California, Jesús regresó
y quiso visitar a Toribio. En Jalostotitlán lo mandaron
a la ranchería de Santa Ana, a unos 10 kilómetros
del pueblo. -Ahí pregunté por Toribio Romo y me
dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando
vi la fotografía de mi amigo en el altar mayor. Se trataba
del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la guerra cristera.
Desde entonces me encomiendo a é1 cada vez que voy a Estados
Unidos a trabajar.
A salto de mata. Miles de testimonios como el de Buendía
han convertido a Toribio Romo en santo protector de los indocumentados.
El sacerdote Gabriel González Pérez, párroco
de Santa Ana, dice que no hay argumentos terrenales para explicar
su interés por aliviar las penurias de los migrantes, aunque
ellos lo atribuyen a que en muchas ocasiones son objeto de maltratos,
abusos y persecuciones, como las que padeció el mártir
cristero.
Toribio Romo González nació el 16 de abril de 1900
en Santa Ana, ranchería de los Altos de Jalisco (actualmente,
con 270 habitantes). De pequeño acudió a la escuela
parroquial de su pueblo. Al cumplir los 12 años ingresó
al seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. En diciembre de
1922 fue ordenado sacerdote y, después de oficiar en varias
parroquias, se estableció en el poblado de Cuquío,
para dirigir la catequesis de niños.
Cuando a fines de 1926 se agudizó la persecución
callista, 300 lugareños se levantaron en armas para repeler
a los militares que buscaban matar al párroco Justino Orona
(también declarado santo) y a su ayudante, Toribio Romo.
Éste escribió en su diario: -He tenido que esconderme
por dias, a veces en hediondas cuevas, a veces en la cumbre de
alguna montaña.
En septiembre de 1927 Romo fue trasferido a la parroquia de la
vecina población de Tequila. Como el curato estaba convertido
en cabaIleriza, tuvo que alojarse en una finca abandonada. Acondicionó
un cuarto para oficiar misas y administrar sacramentos. A principios
del año siguiente presintió que su muerte estaba
cerca: en su úiltima misa preguntó en voz alta:
<<¿Aceptarás mi sangre, Señor, que
te ofrezco por la paz de la Iglesia?>> La madrugada del
24 de febrero una docena de federales asaltaron la finca y lo
asesinaron.
Testigos de prodigios. Casi de inmediato empezaron a endilgarle milagros. Un hermano del victimado, Romón Romo, también sacerdote, y otros familiares se encargaron de recopilar testimonios en unos cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que sirvieran para canonizarlo. En noviembre de 1992 Juan Pablo II lo beatificó junto a 24 varones mexicanos (21 sacerdotes y 3 laicos), considerados <<mártires de la persecución en distintos momentos del siglo XX>>; y en mayo de 2000 fue formalmente canonizado, con el nombre de Santo Toribio.
El caso de Romo desató poémica porque hay testimonios
de que no se resignó al martirio (sus últimas palabras
fueron <<¡No me maten!>> y no perdonó
a sus verdugos. Encuestas efectuadas en meses pasados por la Conferencia
del Episcopado Mexicano revelaron que Toribio es el más
popular de los 28 mexicanos canonizados hasta ahora, gracias a
los favores que concede a quienes emigran legal o ilegalmente
a Estados Unidos.
El templo de Santo Toribio está repleto de exvotos con
dibujos que muestran a braceros en el acto de cruzar la frontera.
La guanajuatense Griselda Jiménez relata que se salvó,
del asedio de los "polleros" que prometieron trasportarla,
gracias a la aparición de un perro muy bravo, que alejó
a los hombres y la guió hasta un rancho donde encontró
alimento y trabajo.
El nayarita Salvador Hernández anotó en su retablito
que, gracias a la protección divina, pudo salvarse de un
remolino a la hora de cruzar el río Bravo: cuando estaba
por ahogarse, apareció un desconocido desde el lado estadunidense
que le aventó una soga. Aún más llamativo
es el arco monumental de cantera rosa que adorna la entrada a
la ranchería de.Santa Ana, levantado en 2000 por agradecidos
braceros zacatecanos.
Leche y miel. Cada sábado y domingo llegan a Santa Ana
más de 50 autobuses repletos de peregrinos y también
desfilan camionetas y autos de procedencia extraniera. Las peregrinaciones
han desatado un auge económico en Santa Ana: en los últimos
meses se pavimentó la avenida principal, se instaló
alumbrado público y se multiplicaron las corridas de autobuses
a Jalostotitlán y San Miguel el Alto.
El precio de los terrenos se ha triplicado. Florecen los negocios
y la maquiladora de ropa deportiva Atlética abrió
una microsucursal, cuyas ganancias son donadas al templo de Santo
Toribio (los dueños de Atlética están agradecidos
porque superaron una crisis económica que los puso al borde
de la quiebra). Doña Juanita Romo, sobrina del santo y
dueña de un tendejón, cuenta que antes vendía
solamente refrescos y algunas frituras, pero <<Ahora se
me acaba todo, tengo 2 ayudantes con sueldo fijo y me surto de
mercancía cada semana>>.
La toribiomania ha estimulado la apertura de media docena de tiendas
de recuerdos que ofrecen artículos religiosos, videos y
libros sobre la vida del santo, fotografías en distintas
poses, y recipientes para beber agua adornados con su efigie,
a los que llaman "toricilindros".
Santo Toribio cuenta entre sus devotos a la conductora de televisión Jacqueline Bracamontes, una jalisciense que hace 2 años ganó el título de Nuestra Belleza México: <<Cuando competí me encomendé al padre "Tori". Concursaron chicas muy guapas, pero gané por unanimidad. Después le pedí que me ayudara a trabajar en televisión y me concedió un segmento deportivo en un noticiario de cobertura nacional. Seré la primera comentarista mexicana en el próximo campeonato mundial de futbol, todo gracias a Toribio>>.
por Marco A. García Gutiérrez, Contenido, 1 de junio, 2002
Volver a Héroes del SudOeste - SouthWest Heroes
Volver a La Alianza de Hayward
Volver a hayward
© jfcz07/vii/02